
“Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra. Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos.11El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. 12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí.” Salmos 33:4-5 y 10-12
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
CAMINANDO EN LA VERDAD
Hoy 30 de junio
Salmos Capítulos 31 al 35
Los puntos principales aquí son: Confianza de David en Dios, Bendición de perdonar, Alabanza al Señor por su creación, el Señor escucha al Justo, y Oración de David por seguridad.
Meditaremos hoy en Salmos 32:1- 5 “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. 4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah 5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah”
Cuando Natan el profeta confronto a David en su iniquidad, este confesó su pecado y reconoció la necesidad de misericordia y perdón; el Señor Todopoderoso y Misericordioso, perdonó a David, no solo de su pecado, sino también de la iniquidad de su pecado.
Iniquidad significa más que rechazar la Palabra de Dios, más que un simple fracaso o debilidad; iniquidad significa alejarse voluntariamente de aquello que sabemos que es correcto y torcemos la verdad, para complacer nuestro deseo personal, engañándonos a nosotros mismos. El resultado inevitable de la iniquidad, es siempre miseria y desdicha. El Rey David experimentó las consecuencias, dolorosas del pecado.
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.Salmos 32:3
Dicen los médicos expertos que más del 60 % de las enfermedades son psicosomáticas, es decir causadas por dolores del alma.
Estudiando la Palabra de Dios y el comportamiento humano, podemos decir que muchas enfermedades, se desarrollan por el peso del pecado, que carga la persona, llegando a afectar su vida física.
Nuestro Dios Creador, conoce muy bien nuestra condición y se ha compadecido de nosotros y Él es el único que tiene la autoridad y el poder, de liberarnos del pecado,
limpiarnos de toda maldad y perdonar todos nuestros pecados, ya que el pecado es desobediencia contra Dios. “Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmos 32: 5b). “Entonces mi alma se alegrará en Jehová; Se regocijará en su salvación” (Salmos 35:9)
No puede haber paz y un gozo duradero, hasta que el pecado no sea confesado con sinceridad y luego abandonarlo. “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.
10 Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido” (Salmos 31:9-10)
Solo Las Sagradas Escrituras son verdad; pero la mayoría de las personas no lo sabe por qué no la leen. Así que te animamos a seguir leyéndola en un año y compartiendo con tus familiares y amigos. “Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra. Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos.11El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. 12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí.” (Salmos 33:4-5 y 10-12)
Cuando confesamos nuestros pecados a nuestro Dios Viviente; somos liberados y podemos exclamar: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.2 En Jehová se gloriara mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. 3 Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre.
4 Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salmos 34:1-4)
Recuerda: ¡Es mejor confesar tu pecado a Dios y recibir liberación, que seguir esclavizado a él!

