NM Vol. 132 # 37 SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

Santificado sea tu Nombre

Mateo 6:9

Observa, primero, cómo «el cielo» enmarca las primeras tres peticiones del Padre Nuestro: «Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino.Hágase Tu voluntad, Así en la tierra como en el cielo». (Mateo 6:9-10)

Queremos que el nombre de Dios sea santificado, que venga Su Reino y que Su voluntad se haga «así la tierra como en el cielo».

Las criaturas angelicales claman: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria» (Isaías 6:3). La adoración en el cielo nunca termina: «Día y noche no cesaban de decir: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir» (Apocalipsis 4:8). Toda criatura en el cielo se une para decir: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 5:13). Esa es la escena en el cielo donde el nombre de Dios es honrado y venerado en adoración incesante.

Escucha lo que Dios dice a través del profeta Isaías: «… y sin cesar Mi nombre es blasfemado todo el día» (Isaías 52:5). La escena en la tierra no podría ser más diferente que la escena en el cielo. En el cielo, el nombre de Dios es honrado mientras los ángeles adoran sin cesar; en la tierra, el nombre de Dios es despreciado y blasfemado todo el día.

Y es en este abismo donde oramos la primera petición del Padre Nuestro: «¡Santificado sea Tu nombre!». Que tu nombre sea venerado, exaltado, honrado y adorado como lo es en el cielo. Al hacer esta oración, pedimos a Dios que se mueva y actúe en el mundo de tal manera que la gente lo adore y lo atesore por encima de todo.

 

Nuestro Señor Jesucristo no nos enseñó a hacer oraciones vanas. Cada petición del Padre Nuestro será contestada, porque cuando enmarcamos las oraciones de este modo, siempre puedes orar con confianza. Siempre puedes saber que oras según la voluntad de Dios, porque éstas son las cosas que tu Señor Jesucristo te enseñó a orar.

Cada una de estas peticiones será contestada cuando vuelva el Señor y cada una tiene una respuesta que podemos experimentar en nuestras vidas aquí y ahora. En otras palabras, para cada petición del Padre Nuestro hay una respuesta ahora y otra respuesta después. Cuando Cristo regrese con poder y gloria, el nombre de Dios será santificado, honrado, glorificado y exaltado.

«Pues la tierra se llenará Del conocimiento de la gloria del Señor
Como las aguas cubren el mar» (Habacuc 2:14).

Este mundo se convertirá en hogar de justicia. Su nombre será honrado, amado, atesorado, adorado en la tierra como lo es en el cielo. Todo el pueblo de Dios le amará, le adorará, caminará con Él por los siglos de los siglos. Señor, que llegue ya ese día en que esta oración sea escuchada. Pero ¿cómo puede responderse a esta oración aquí y ahora en un mundo que sigue despreciando e incluso blasfemando el nombre de Dios? ¿Cuál es la respuesta de Dios a un mundo que blasfema Su nombre día tras día?

«…sin cesar Mi nombre es blasfemado todo el día. Por tanto, Mi pueblo conocerá Mi nombre…» (Isaías 52:5-6).

«Santificado sea Tu Nombre» no es una oración para que Dios cambie, es una oración para que se produzca un cambio en nosotros. No le pedimos a Dios que se haga más santo, Él es infinito y perfecto y completo en su santidad.

Por eso, cuando oramos: «Padre, santificado sea Tu Nombre», estamos pidiendo a Dios que traiga aquí en la tierra personas que le conozcan, le amen y lo atesoren más que a la vida misma. Para que, en un mundo que todavía desprecia y blasfema el Santo Nombre de Dios, Su nombre sea honrado.

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