
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” 1 Juan 1:9.
LECTURA Y VOZ DE SAMUEL MONTOYA
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
Caminando en la Verdad
2 de febrero: Leer Levítico 4 al 6
Encontramos en estos capítulos: Ofrendas por pecados, ofrendas por ofensas; más instrucciones sobre ofrendas.
El versículo que analizaremos hoy es: Levítico 4:1-4. “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas; si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación. Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová”.
El sumo sacerdote como guía espiritual del pueblo, sí violaba alguna ley de Dios, su culpa afectaba a todo el pueblo, y tenía que ofrecer primeramente la ofrenda por su pecado. Esto afirma la incapacidad de los sacerdotes humanos para remover el pecado aun de sus propias vidas. La ofrenda por pecados era la primera ofrenda presentada a Dios. Cada persona tenía que traer su propio animal para ofrecerlo sobre el altar delante del Tabernáculo.
Dios es Santo, Santo , Santo y antes de recibir sus bendiciones; los Israelitas tenían que obedecer a Dios, reconociendo que habían pecado y trayendo el animal, aunque también se acercaban al Tabernáculo con otras ofrendas para adorar a Jehová, cuando el ofensor traía ofrendas por sus pecados u ofensas, venía confesando reconociendo que era pecador.
El ofrendante colocaba sus manos sobre la cabeza del animal como un acto simbólico donde se traspasaba sus pecados al animal inocente que era muerto en lugar de él. El sacerdote rociaba la sangre delante del Señor, y los pecados del adorador solo eran cubiertos (no quitados, ni borrados hasta que Cristo vendría a morir en la cruz Hebreos 10: 12,14 “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Esta ofrenda era un testimonio no sólo del hecho de que el adorador era un pecador, sino también de que Dios había hecho provisión del animal inocente para ser aceptado ante Dios. Este privilegio solo lo tenían los israelitas.
Cuando Jesús derramó Su sangre en la cruz del Calvario lo hizo por los pecados de toda la humanidad, no había ya más necesidad de sacrificios de animales. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21).
Dios proveyó el cordero perfecto nuestro Señor Jesucristo no solo se presentó como sacrificio a Dios, sino que también es nuestro Sumo Sacerdote “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” nos dice (Hebreos 7:22-25) Por tanto, se convirtió en el sacrificio por nuestros pecados y en el único mediador entre Dios y el hombre (Hebreos 2:17; 4:15-16). “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Esto automáticamente deja fuera todas las religiones y obras que pueda hacer el hombre para acercarse al Dios Santo. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
¡No esperes más! confiesa tus pecados hoy al Sumo Sacerdote Jesucristo, quien te perdonará y te dejará limpia, llena de una vida nueva.
Cristo, quien está en la presencia de Dios, nos perdona e intercede por nosotros como Sumo Sacerdote cuando oramos con un corazón arrepentido. Él está esperando por ti!!

