«LIBRO 2 SAMUEL»-Capítulos 21-22

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 Pedro 3:9

CAPÍTULO 21
CAPÍTULO 22

DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA

04/19/2025

CAMINANDO EN LA VERDAD

Es 19 de abril

Seguimos en 2 Samuel Capítulos 21-22

Vemos en estos capítulos: Hambre en la tierra, siete miembros de la familia de Saúl son muertos, Victorias de David y Cántico de liberación.

Meditaremos en 2 Samuel 21:1-3 “Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas 2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; pero Saúl había procurado matarlos en su celo por los hijos de Israel y de Judá.) 3 Dijo, pues, David a los gabaonitas: ¿Qué haré por vosotros, o qué satisfacción os daré, para que bendigáis la heredad de Jehová?”.

David oró preguntándole a Dios, porque había hambre en la tierra: Dios le contestó que Saúl había roto el pacto que Josué hizo con los Gabaonitas, cuatrocientos años antes: (Josué 9:16-27). Este incidente, en la vida de David, muestra lo Sagrado que es para DIOS un PACTO, aunque este, haya sido hecho con una nación incrédula.

Dios ha dicho claramente: “Cuando haces voto a Jehová tu DIOS, no tardes en pagarlo, porque ciertamente Dios lo demandará de ti.” (Deuteronomio 23:21 y Números 30:2)

Saul no respeto este pacto, por su orgullo y soberbia, pensó que por ser rey podía cambiar lo establecido por Dios; y las consecuencias afectaron con hambre sobre toda la tierra, aún después de su muerte.

Algo parecido está sucediendo hoy en día en nuestro mundo, los que están en posiciones de autoridad, dentro de las Naciones Unidas, se han olvidado del temor a nuestro Creador, enseñoreándose sobre todas las naciones con nuevas leyes que no tienen en cuenta al Dios Viviente y van en contra lo establecido por Dios, destruyendo la dignidad humana y trayendo consecuencias de calamidad sobre todas las naciones.

Los tres años de hambre que resultaron del pacto roto, revelan lo serio que debe ser el cumplimiento de nuestra Palabra. ¿Puede la gente depender de lo que decimos, o son nuestras promesas vanas? Muchos creyentes tienen buenas intenciones, pero permiten que las circunstancias cambien sus convicciones, y consiguientemente sus palabras no son confiables.

“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes”. (Eclesiastés 5:4)

Hay personas que no quieren saber del Evangelio, por el comportamiento de creyentes que prometen y no cumplen. ¿Cuántas veces hemos creído en promesas de personas, que nos han fallado?. Antes de hablar o prometer algo, pensemos primero si tenemos la capacidad de cumplir.

“Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca”. (Deuteronomio 23:23)

Pero una vez que David obedeció el mandato de Dios y la demanda de los Gabaonitas, Dios fue propicio a la tierra.

Así que sigamos el consejo de las Escrituras: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”.(Eclesiastés 5:5)

Pero qué maravilloso es nuestro Poderoso DIOS, que todo lo que dice, lo cumple. ¡En ÉL, sí podemos confiar!: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23:19)

Jesús también prometió mandarnos al otro Consolador, Leemos en: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. (Juan 14:16) Y en Hechos 2:4 vemos su cumplimiento: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

Después de más de dos mil años, el ESPÍRITU SANTO, sigue operando en la vida del creyente, seguimos predicando su Palabra y esperando sus promesas; que como toda la Escritura también se cumplirá.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9)

Recuerda: ¡Dios no quiere promesas, él espera arrepentimiento y obediencia!

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