
“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes” Salmos 36: 5
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
Mayo, 10 del 2025CAMINANDO EN LA VERDAD
10 DE MAYO
Terminamos con la lectura de 2 REYES 24-25
Puntos sobresalientes son: Joaquin y Sedequias reinan en Juda, Caída de Jerusalén, Gedalias gobernador de Juda, y Joaquin restaurado a lugar de honor.
Meditamos hoy en 2 Reyes 25:18-21 “Tomó entonces el capitán de la guardia al primer sacerdote Seraías, al segundo sacerdote Sofonías, y tres guardas de la vajilla; y de la ciudad tomó un oficial que tenía a su cargo los hombres de guerra, y cinco varones de los consejeros del rey, que estaban en la ciudad, el principal escriba del ejército, que llevaba el registro de la gente del país, y sesenta varones del pueblo de la tierra, que estaban en la ciudad. Estos tomó Nabuzaradán, capitán de la guardia, y los llevó a Ribla al rey de Babilonia. Y el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá de sobre su tierra.”
Solo 23 años después de la muerte de Josias, el Reino del Sur Judá se rindió al control de Egipto. Debido a la infidelidad del pueblo y de su desobediencia continua a la Palabra de Dios, la nación fue reducida a ruinas.
Los últimos cuatro reyes fueron solo títeres, nombrados y controlados por Egipto y Babilonia. A través de sus reinados, la nación experimentó una serie de conquistas y deportaciones.
Cuán patética fue la caída de Judá, especialmente si se considera que el Reino del Norte también había caído cerca de 135 años antes. Judá y el reino del Norte formaron juntas en una época a Israel, una de las naciones más poderosas sobre la tierra. De un comienzo muy pequeño, ISRAEL ALCANZÓ Una grandeza imperial que atraía la admiración de las naciones más poderosas de su era. Pero debido a la idolatría de Salomón, la nación llegó a dividirse.
Más tarde, en medio de la declinación de Judá, Dios levantó al profeta Jeremías. Si el pueblo hubiese seguido su consejo, el resultado habría sido muy diferente. Tanto Joacim como Ezequías pudieron haber desafiado a las fuerzas invasoras, pero la nación perdió su poder y el privilegio de la protección de Dios.
“Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Redujeron a Jerusalén a escombros” (Salmos 79:1).
Con un ejército inmenso, Nabucodonosor, arrasó la parte norte del país y rodeó a Jerusalén. Finalmente, la ciudad comenzó a morirse de hambre.
Sede quíaí, con sus esposas, hijos y guardias huyeron a través de una abertura en la pared (Ezequiel 12:12); pero fueron capturados en las planicies de Jericó.
Sedequías fue forzado a ver la matanza de su propia familia; luego le sacaron los ojos, y fue llevado en cadenas a Babilonia.
Su travesía agonizante dio cumplimiento a dos profecías que parecían contradecirse entre ellas; que Sedequías vendría a Babilonia, pero que no la vería (Jeremías 32:5; 34:21)
La destrucción del reinado de Judá nos enseña que la nación más grande de la tierra no puede sobrevivir si su pueblo rechaza continuamente a Dios y a Su justicia. La riqueza, los vastos ejércitos y la protección nuclear son una seguridad falsa cuando una nación se aleja de Dios e ignora voluntariamente los preceptos del Creador Todopoderoso.
Pero el pueblo elegido del Señor, Su Iglesia está confiada en sus promesas y su poderosa Palabra.
“Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie” (Salmos 20:7-8).
En nuestros días el conglomerado de naciones aspira a la paz, por sus propios medios de estrategias militares e ignorando al Príncipe de Paz nuestro Salvador Jesucristo y su Palabra. Cosa que no es posible; cada vez más se seguirán hundiendo en la violencia, el robo, el crimen y en abundancia de discordias.
Hasta que el Eterno Dios juzgue a su creación: “Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4).
El libro 2 Reyes termina con palabras de aliento: Joaquín después de 37 años de exilio, fue honrado por el rey de babilonia todos los días de su vida. Que grande es la fidelidad del Señor Jesucristo con su pueblo Israel, como también es con nosotros.
“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes” (Salmos 36: 5).
Recuerda: ¡El éxito verdadero de una nación, depende de su fidelidad a los reglamentos del Dios Eterno Jesucristo!

