¡REEMPLAZO DE LA ANSIEDAD CON DELEITE!
Todos nos ponemos ansiosos o desanimados a veces. Nuestra visión limitada hace que nos preocupemos por todo tipo de miedos reales e imaginarios. Si no tenemos cuidado, nuestra ansiedad dirigirá nuestras vidas, tomará nuestras decisiones y dará forma a nuestro futuro. La preocupación es más paralizante de lo que creemos y puede llenar días, semanas e incluso años de tristeza innecesaria. Lo más trágico es cuando se ofrece una cura para esta enfermedad mortal y hacemos caso omiso de la receta. El salmista tomó su medicina y encontró alivio. «Cuando mis pensamientos de ansiedad se multiplican dentro de mí, tus consuelos alegran mi alma». (Salmo 94:19). No es que no entendiera la naturaleza del asunto. Diagnosticó el problema y corrió hacia el Único que tenía la cura. Comprendió que…
La ansiedad está en los pensamientos. Nuestros problemas nunca son el problema, pero nuestra respuesta mental es lo que crea un miedo paralizante. La ansiedad nunca se contenta con quedarse quieta. No crece simplemente por sumarse. Si no la controlamos, se «multiplica» y crece exponencialmente hasta que nos consume. Nunca se puede culpar a otra persona ni al problema que se presenta. La ansiedad está «dentro de mí».
Entonces, ¿cuál es la cura?
«Tus consuelos alegran mi alma».
Consolar es confortar, alentar y aliviar el estrés. Dios es el Consolador supremo. Él tiene una perspectiva que nosotros nunca tendremos. ¿Qué problema no ha escuchado? ¿Qué cura no posee? ¿A cuál de Sus hijos no está dispuesto a ayudar cuando está sufriendo o confundido?
Sin embargo, para recibir este consuelo tranquilizador, debemos acudir a Él. Debemos acercarnos lo suficiente para escuchar Su voz. Él puede darnos todo lo que necesitamos para superar nuestra ansiedad, pero no nos servirá de nada si no nos acercamos a Él.
El camino siempre presente hacia Él es la oración y Su Palabra. Su trono está abierto día y noche, y Él nunca duerme ni dormita. Debemos entrar conscientemente en Su presencia, poner todo a Sus pies y tomarnos el tiempo para escucharlo. Como un enfermo que se niega a ir al médico, no esperes alivio si nunca te acercas al Gran Médico y tomas Sus recetas. Y cuando vayas, no te apresures. Pero recuerda que encontrarás tu respuesta en Él, no meramente un plan, un programa o una solución de 7 pasos. Él es suficiente y más. “Pondré al Señor continuamente delante de mí… en Tu presencia hay plenitud de gozo”, dijo David, y esa es la respuesta. Su presencia es nuestro máximo consuelo (Salmo 16). La maravillosa realidad no es sólo que la ansiedad cesará, sino que encontrarás “deleite” en tu alma. Más que mera comprensión o tenaz resistencia… ¡deleite, alegría, felicidad! Te darás cuenta de que Él conoce tus problemas y ha ido antes que tú. Él tiene todas las provisiones que necesitas y siempre está dispuesto a ayudar a Sus hijos. Él es nuestro “refugio y fortaleza; abundantemente disponible para ayudarnos en momentos difíciles” (Salmo 46:1).
Sus consuelos son tan completos emocional y experiencialmente que te elevarán por encima de tus preocupaciones y harán que tu alma cante. Y te darás cuenta de que el objetivo del ejercicio desde el principio fue llevarte de regreso a Su presencia, donde fuiste creado para vivir.

