ELÍAS Vol. 132 # 31

NM Vol 132 # 31 Elias

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traerla, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.

Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y traemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra (1 Reyes 17:8-14).

Reflexión

Dios nos ha llamado a dar, a servir. En ocasiones pensamos que debemos esperar a tener mucho dinero para dar a nuestro prójimo, para obedecer el llamado de Dios a dar. Pero en la historia de 1 Reyes 17:8-14 la viuda obedeció a Jehová, aunque ella no tuviera casi nada, lo que tenía era para sobrevivir ella y su hijo, pero aun así lo dio a Elías porque tenía Fe en la promesa del Señor de que le iba a sobreabundar y no le faltaría nunca en su tinaja ni harina, ni aceite. Cuando leemos la historia parece una decisión fácil pero imaginemos por un momento no tener recursos y la comida contada para ti y tu pequeño hijo, y nos piden que le demos primero comida a un forastero, creo que más de uno dudaría pensando “¿si se la doy y después no tengo que darle a mi hijo?” pero Dios nos enseña que no desampara a sus hijos, él recompensa al que da de corazón, como lo dice 2 Corintios 9:7 “porque Dios ama al dador alegre”. Muchas veces decimos no tener nada para dar pero no administramos bien nuestro dinero y terminamos gastando en cosas innecesarias.

No dudemos de Dios cuando damos de corazón, nuestro Padre nos lo regresa triplicado así que no tengamos miedo a dar, tampoco es que vamos a gastar todo nuestro presupuesto como si fuera una inversión con la idea de recibir más y mas, la idea es organizar nuestro dinero y nuestros recursos y hacer algo con lo que podamos ayudar a nuestro prójimo, quizás empecemos con poco, pero con el paso del tiempo Dios nos va a ayudar para que podamos dar más, y sobre todo que nuestro sentir no esté pensando en la conveniencia propia porque eso nos hace seres hipócritas, sino con amor. Dios te bendiga.

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