
Proverbios 18:9 “También el que es negligente en su trabajo. Es hermano del hombre disipador.”
LECTURA Y DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
CAMINANDO EN LA VERDAD
Hoy 26 de julio
Proverbios 23 al 26
En estos capítulos vemos: Enseñanzas morales, éticas y espirituales; comparaciones sabias, y advertencias e instrucciones.
Meditamos hoy en Proverbios 24:30-34 Pasé junto al campo del hombre perezoso,
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; 31 Y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, Ortigas habían ya cubierto su faz, Y su cerca de piedra estaba ya destruida. 32 Miré, y lo puse en mi corazón; Lo vi, y tomé consejo. 33 Un poco de sueño, cabeceando otro poco, Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;34 Así vendrá como caminante tu necesidad, Y tu pobreza como hombre armado.”
Esta escena que nos presenta el escritor nos hace entender que la pobreza no es la ausencia de recursos, sino la actitud irresponsable y floja de la persona. Una persona indolente es una persona floja, la flojera y la ociosidad son la madre de todos los vicios, debido a esta característica no hace provisión para su familia, ni responde a oportunidades para servir al Señor.
El Señor nos anima a ser diligentes y no perezosos; estamos viendo esta nueva generación, de jóvenes perezosos, que no quieren hacer nada, solo están en la computadora, adictos a los juegos y en el teléfono, así que tenemos que animarles, a que se vuelvan activos para su propio bien; porque la pereza no trae nada bueno.
La pereza destruye el carácter y desalienta a otros, que deben asumir la responsabilidad de la persona ociosa; es decir, la mamá tiene que hacer todo el trabajo. Por eso los padres no deben proveer para que sus hijos se vuelvan dependientes. Hay que enseñar a nuestros jóvenes a que sean responsables de su ropa, de sacar la basura, de ayudar en la casa. Ellos viven con nosotros y tienen que tener responsabilidad aun desde temprana edad para que sean hombres y mujeres diligentes en el futuro. Nos dice:
Proverbios 18:9 “También el que es negligente en su trabajo. Es hermano del hombre disipador.”
También cuando nos rendimos a la pereza espiritual nuestra vida se invade de las obras de la carne, nuestras defensas espirituales están bajas; no tenemos ánimo de llenarnos de sabiduría estudiando la escritura, no tengo deseo de orar pues no tengo fuerzas y menos levantarme para ir a la iglesia, el sueño me domina. Así nuestra mente se llena de escombros y malos pensamientos dando paso absoluto a Satanás, quién comenzó adormeciendo nos, para dejarnos inactivos y pobres espirituales en la edificación diaria de nuestra vida.
¡Levántate! CUIDADO con la pereza! Toma consejo y apártate de ella. Busquemos siempre oportunidades para servir a Dios, llevar su Palabra, como lo estamos haciendo nosotros en este tiempo. Hay mucha gente que están ansiosos que alguien les traiga una palabra de esperanza; predica la Palabra a tus familiares, en la escuela o en el trabajo, para que ellos también puedan ser salvos.
Recuerda: ¡ Al diligente en La Palabra nada le falta!

