“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” Romanos 8:1-3.
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
CAMINANDO EN LA VERDAD
Hoy 5 de junio
Terminamos con el Capítulo 10 del libro de Esdras
AHÍ VEMOS: Expulsión de Esposas e hijos extranjeros.
Meditaremos hoy: Esdras 10:9-12 “Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los tres días, a los veinte días del mes, que era el mes noveno; y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia. Y se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras, añadiendo así sobre el pecado de Israel. Ahora, pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras. Y respondió toda la asamblea, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra”.
Cuando Esdras y sus seguidores llegaron a Jerusalén, quedó desconsolado cuando vió la moral baja y la condición espiritual que se había desarrollado en tan corto tiempo. Solo habían pasado sesenta años desde que la Predicación de la Palabra de Dios por Hageo y Zacarías había inspirado a la nación a reedificar la Casa de Dios.
Algunos de los Sacerdotes y Gobernadores del Pueblo, se habían casado con cananeas, adoradoras de ídolos, razón principal de infidelidad a Dios, que ocasionó la cautividad de toda la Nación de Israel.
El gran pesar por los pecados de la nación, llevó a Esdras a ORAR INTENSAMENTE, llorando y postrándose ante el Señor. Cuando los israelitas se recordaban de la Palabra de Dios, Él Señor les traía convicción de pecado a sus
corazones. El pueblo tenía que desechar sus esposas paganas adoradoras de Ídolos, para que el ardor de la ira de Dios, sea apagada.
Cuántos pesares y lágrimas son ocasionados por la desobediencia a Dios. El precio de los pecados es alto, mucho más alto de lo que cualquiera se pudiera imaginar. El pecado es engañoso, un momento de placer, trae consecuencias terribles e inevitables.
Filipenses 3:19 “el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal”
Cuantos están arrepentidos y dicen; Si hubiera sabido las consecuencias de esto, nunca lo hubiera hecho. Es que el pecado es engañoso y lleva cautivos a sus víctimas para seducirlos y matarlos físicamente y espiritualmente. El pecado es un mal compañero que te traiciona y no te avisa de las consecuencias de tu pecado.
Así que esto es una advertencia, ya no lo hagas más. Mira lo que dice la Palabra en Isaías 1:28 “Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos”. Sé vigilante y no te dejes embaucar por la mentira pecaminosa.
Isaías 3:9 “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí”.
“Aquellos que siembran trigo, cosecharan trigo, aquellos que siembran cizaña nunca segaran trigo; esta es la ley de la naturaleza”. Aquellos que andan conforme a la carne y siembran para la carne, cegaran
corrupción, ya que tienen sus corazones dispuestos para lo terrenal y se hacen disponibles como instrumentos de iniquidad.
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8)
Cuando nos humillamos ante Dios, y admitimos nuestro pecado y nos arrepentimos; Jesucristo está listo y deseoso de perdonarnos y fortalecernos a través de Su Palabra, para que vivamos una vida que le complazca a Él y sea de beneficio para nosotros.
La Palabra nos dice “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:1-3).
GRACIAS A NUESTRO DIOS. Así que “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7)
Recuerda: ¡Cuando vamos en contra de la Voluntad del Dios Viviente Jesucristo, nos engañamos a nosotros mismos, Nunca lo olvides!

