«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos SANTOS y SIN MANCHA delante de él, en AMOR habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” Efesios 1:3-5
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
CAMINANDO EN LA VERDAD
Hoy 12 de mayo
Continuamos 1 Crónicas Capítulos 3-5
Estos capítulos nos hablan de los: Descendientes de David, de Salomón, de Judá, de Simeón, de Rubén y de Gad.
Hoy meditaremos en: 1 Crónicas 4:9-10 “Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo:
Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió”.
Es de mucha importancia notar como Jabes entra en las páginas de la Palabra; haciendo un alto a las genealogías. Este es el único pasaje donde se menciona a Jabes como descendiente de Judá. Su nombre significa “el trae desconsuelo” y refleja el intenso e inusual dolor y la tristeza que precedieron y acompañaron su nacimiento. Tan notable era su resolución
espiritual y tan ferviente su oración pidiendo bendiciones materiales y protección espiritual, que se registra: ¡Y LE OTORGÓ DIOS LO QUE PIDIÓ!
Sabemos poco sobre Jabes, excepto que Oró, invocó, clamó, y se entregó completamente a Jehová de los Ejércitos, el Dios Viviente de Israel y fue el más ilustre de sus hermanos.
Jabes encontró el Gozo que viene de entregarse a Dios, para su deleite, buscando ser llevado por el camino elegido de Dios. El Eterno cambió rotundamente la vida de Jabes; de dolor al gozo, de escasez a abundancia, de inseguridad a confianza y de miedo a valor en Dios. Leemos Salmos 30:10-12 “Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador. Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.
Qué ejemplo de vida de Jabes, el entendió que solo Jehová de los ejércitos podía cambiar su historia. Que ejemplo de fe. “ Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6)
Los logros que traen resultados eternos son aquellos iniciados por Dios, por consiguiente, cuando estamos sirviendo a Cristo fielmente, no nos quejaremos, sino que le serviremos y obedeceremos en todo al Señor. Si nuestro deseo más grande es obtener la bendición de Dios, no debemos temer a nadie, sino debemos entregarnos sin reservas al Señor Jesucristo.
En estos tiempos de incertidumbre que estamos viviendo y nos están amedrentando: con enfermedades, escasez, inseguridad y miedo; el Eterno Dios Jesucristo nos dice: “No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isaías 44:8). Creamos a nuestro Dios Eterno que quiere cambiar nuestras circunstancias, si le pedimos con fe veremos su gloria en nosotros.
La vida del creyente ha sido cambiada totalmente por nuestro Salvador y Redentor Jesucristo. Nacimos en pecado, nos dirigíamos como ciegos al lugar de tormento el infierno, éramos incapacitados para poder desviarnos del camino de perdición, hasta que el Hijo obediente al Padre entró en escena para rescatarnos, limpiarnos y purificarnos de nuestros pecados con su sangre derramada en la cruz del calvario. Se levantó triunfante sobre la muerte, el mundo, el pecado y todas las potestades luciferinas.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:3-5)
¡Si vivimos en Jesucristo, tenemos acceso a todas Sus bendiciones! ¡Recuérdalo siempre!

