«LIBRO 1 SAMUEL»-Capítulos 8-11

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. 1 Juan 2:16-17

VOZ Y LECTURA DE SAMUEL MONTOYA

CAPÍTULO 8
CAPÍTULO 9
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 11

DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA

03/04/2025

CAMINANDO EN LA VERDAD

Hoy 3 de abril

1 de Samuel Capítulos 8-11

Los puntos sobresalientes: Los hijos impíos de Samuel, los Israelitas piden un Rey, Saul es elegido, Amonitas derrotados por Saúl y Saúl confirmado como Rey.

Meditaremos en el versículo 1 Samuel 10:17-19 “Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa, y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron. Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.”

Samuel y los Jueces gobernaron la Nación de Israel, y obedecieron a Dios su Rey Invisible. Estos Jueces eran elegidos

por Dios y recibían dirección de él en todo tiempo y bajo toda circunstancia.

Sin embargo, los israelitas rechazaron abiertamente a Dios como Rey y gobernador de sus vidas; y persistentemente pedían un rey visible, como las otras naciones.

El Señor sabía lo que era mejor para el pueblo, pero ellos insistieron para que un rey humano los Gobierne, vaya por

delante de ellos y haga por ellos la guerra, como dice en: 1 Samuel 8:19-20 “Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.”

Esta actitud de los Israelitas, era prácticamente de rebelión contra Dios. No querían obedecer a los preceptos del Eterno. Anhelaban ser como las demás naciones, esclavos del mal. Tenemos que tener sumo cuidado de nuestros deseos y que

podemos ser desviados sutilmente de la verdad. Cuando voluntariamente no nos sometemos a la obediencia de la Palabra del Señor. Nos dice JESUCRISTO en Juan 8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

Así que cuidado, cuidado porque cuando buscamos

complacernos y desobedecemos a Dios, somos engañados y estamos obedeciendo al padre de la mentira-el diablo, el engañador del mundo.

Samuel convocó a una Asamblea Nacional en Mizpa y nuevamente advirtió al pueblo de su error de demandar al Rey. Pero porfiaron y Dios les dio a Saúl, que por su estatura y buen parecer, parecía un rey, y todo el pueblo estaba satisfecho con su apariencia externa; pero él era un símbolo de la debilidad espiritual de la nación.

No todo lo que brilla es oro, y no todo lo que nos imaginamos bueno es bueno. Recordemos que solo Dios conoce el futuro,

es mejor obedecer a ÉL en todo tiempo y aunque vaya en contra de nuestros

deseos. 1 Juan 2:16-17 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

Así que no nos dejemos engañar por nuestros deseos carnales o por complacernos a nosotros mismos. El deseo de ser como la mayoría en el mundo, es la causa por la que muchos ignoran la Biblia; prefieren los consejos de otros, que están completamente equivocados, buscando religiones populares, meditaciones modernas para trascender, buscan lo que más les hace sentir bien, pero sin someterse a la obediencia de la Sagradas Escrituras.

Dios nos permite que aceptemos o rechacemos su dirección, pero recuerda que siempre habrá consecuencias, ya sea para bien o para mal. Mejor hagamos como David en Salmo 38:9 “Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto”. Así que tengamos cuidado con nuestros anhelos carnales.

“El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”. (Juan 12:48)

A menos que confesemos y abandonemos nuestros pecados, enfrentaremos consecuencias eternas.

Recuerda: ¡Obedecer las Escrituras es estar bajo el señorío del Rey de reyes Jesucristo!

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