«LIBRO DE NÚMEROS»-Capítulo 26-27

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“con Gozo dando GRACIAS al PADRE que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;  el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado HIJO,  en quien tenemos redención por su SANGRE, el perdón de pecados.” Colosenses 1:12-14

LECTURA Y VOZ DE SAMUEL MONTOYA

CAPÍTULO 26
CAPÍTULO 27

DEVOCIONAL DE JANETHE DISLA

02/24/2025

CAMINANDO EN LA VERDAD

24 DE FEBRERO

LEER NÚMEROS 26-27

Puntos sobresalientes: Segundo censo de los israelitas; ley de la herencia, y Josué es nombrado sucesor de Moisés.

Versículos de Hoy Números 27:22-23: “Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés.”

Ya la nueva generación estaba lista para conquistar la Tierra Prometida 601.730 guerreros físicamente aptos mayores de 20 años en que ninguno, excepto Caleb y Josué, superaban los 60 años. La vieja generación había fallecido por incredulidad durante los 40 años de peregrinación en el desierto.

La utilidad que tenía Moisés para Dios como un gran administrador está revelada en las palabras, repetidas con frecuencia. “Y Moisés hacía como el Señor se lo mandaba.” Asimismo, se dijo: “Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” ( Deuteronomio 34:10).

Moisés había orado para que Dios le permitiera ver la tierra fértil al otro lado del Río Jordán, pero Dios le dijo que no podía entrar en la Tierra Prometida. Solamente la podía contemplar de lejos. Así que tuvo que designar a su sucesor Josué hijo de Nun; es interesante notar que en el sacerdocio y más tarde en el reinado se pasaba la responsabilidad dentro de la misma familia elegida por Dios. Sin embargo, el sucesor de Moisés no fue su hijo sino su siervo. (Éxodo 24:13)

Solo un pecado registrado evitó que Moisés entrara en la Tierra Prometida. Nos preguntamos ¿por qué? Acaso ¿Dios no es amor? Aquí vemos que Moisés representaba la ley, la cual no podía permitir una excepción. Dios es perfecto y santo, y la justicia demanda que todos guarden toda la ley, pero si alguno comete un error, es culpable de violarla toda Santiago 2:10: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”

Muchas personas se engañan tratando de guardar los Diez Mandamientos, creen que Dios estará satisfecho por su comportamiento e irán al cielo. Se justifican a ellos mismos pensando, que no han matado a nadie, pero se olvidan de la codicia de sus corazones, de su rebeldía contra Dios, ni siquiera guardan el primer mandamiento, de Amar a Dios, solo se contentan por creer en Dios. “Y amarás a Jehová tu DIOS de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días.” (Deuteronomio 6:5;11:1 )

Todos hemos pecado y merecemos pasar la eternidad en el infierno. Israel fue salvo por gracia, por fe, nadie pudo cumplir la ley, ni siquiera Moisés.

Solo Jesucristo la cumplió por nosotros; Es por ello que Cristo dijo, “Nadie viene al Padre, sino por mi” (Juan 14:6). Deja de amarte a ti mismo, y ven a Cristo, no hay otro camino al Padre,

“y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; (Filipenses 3:9).

Aunque nuestra conducta externa puede ser tan buena delante de la gente como la de Moisés, para entrar al cielo no nos sirve; tenemos que estar lavados por la sangre de Jesucristo por fe.

Entonces la buena noticia es que la gracia de Dios, todavía sigue operando para todo aquel que quiera entrar a la vida eterna y disfrutar de sus beneficios. Además, la gracia de Dios siempre tiene segundas oportunidades, que no se pueden lograr si estás bajo la ley.

“con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1:12-14)

Recuerda: ¡Todavía la Puerta está abierta, para entrar al Reino Eterno a través de Jesucristo!

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