«LIBRO DE NÚMEROS»-Capítulos 1 – 2

LECTURA Y VOZ DE SAMUEL MONTOYA

CAPÍTULO 1
CAPÍTULO 2

DEVOCIONAL DE JANETHE DISLA

02/12/2025

CAMINANDO EN LA VERDAD

12 DE FEBRERO

LECTURA NÚMEROS 1 – 2

Comenzamos con Números; este es el 4to libro del Pentateuco que escribió Moisés en el Monte Sinaí y en el desierto, mientras guiaba al pueblo a la tierra prometida. La fecha que se escribe es entre el 1450 y el 1405 a.C. El nombre de Números se toma por los dos censos hechos a los israelitas durante su peregrinación en el desierto; también se le conoce como “Libro de las Peregrinaciones” o “En el Desierto”.

El contenido de Números está relacionado con el recuento histórico de las numerosas fallas que tuvo Israel durante los 40 años en el desierto.

Números tiene 36 capítulos y nos cuenta de las murmuraciones, rebeliones, advertencias, peregrinaciones y preparación para entrar a la tierra prometida.

Hoy leemos los capitulo 1 y 2

Puntos sobresalientes: Primer censo de los israelitas por parte de Moisés; nombramiento de los levitas; distribución de los campamentos; nombramiento de jefes de cada tribu.

Versículos de Hoy Números 1:2-3 y 19: “Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos. Como Jehová lo había mandado a Moisés, los contó en el desierto de Sinaí”.

Comienza el libro de Números con una orden de Jehová a Moisés, de contar a los varones de veinte años para arriba y se realizó para mostrar su fidelidad como soldado dispuesto de ir a la guerra a fin de entrar en la Tierra Prometida.

El propósito de esta enumeración era organizar un ejército. Dios había prometido a los hijos de Israel, la tierra de Canaán pero con muchas batallas. Enemigos innumerables tenían que ser conquistados antes de que pudiesen entrar en la Tierra Prometida.

El redimido de Dios; mientras peregrina en este mundo, también tiene luchas: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. (Efesios 6:12).

Pero en Cristo; somos más que vencedores ya que nos ha equipado con el poder de su Espíritu Santo y su Palabra que nos revela las estrategias espirituales para vencer las luchas de nuestro diario vivir. Claro está, si nos sometemos a sus preceptos y obedecemos.

Volviendo al desierto nos preguntamos: ¿Cuál era el significado del vano peregrinaje sin dirección de 38 años de los israelitas? En su conocimiento previo, Dios tenía que preparar primero una nueva generación para la herencia prometida. También se necesitaba tiempo para que la vieja generación de esclavos, quienes se habían quejado y revelado, muriesen en el desierto (Números 14:26-35). No eran dignos de entrar a la Tierra Prometida.

En esto tenemos una ilustración para nuestras vidas; muchas veces como el pueblo de Israel vivimos complaciendo a nuestra vieja naturaleza y dando vueltas en el desierto; quejándonos, murmurando y nunca satisfechos; déjame preguntarte: ¿Cuántos años llevas tú en el desierto, dando vueltas, siempre con el mismo problema?

No queremos creer, confiar en Nuestro Poderoso Dios que él puede proveer para nuestra necesidad cualquiera que sea; vivimos aferrados a temores, esclavizados a amarguras del pasado; sometidos a nuestro carácter, sin dejarnos moldear por el Señor, dominados por nuestros pensamientos tratando de avanzar sin movernos.

Hasta que no reconozcamos y le demos al Espíritu Santo el control absoluto de nuestro ser, seremos cristianos mediocres y estancados en el desierto.

“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel, a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:16).

En Cristo hay buenas noticias: Los años infructíferos del pasado no necesitan ser en vano. Arrepintámonos y Reconozcamos nuestras “experiencias en el desierto” como un medio de morir a la incredulidad y como un diseño Divino de prepararnos para su servicio espiritual hacia la Patria celestial.

Recuerda: ¡Vivir una vida fructífera en Cristo nos prepara para la herencia prometida!

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