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Las apariencias nos pueden engañar. Dios no mira lo que mira el hombre, nuestro Señor mira el corazón, lo que está dentro en nuestro interior. Para Dios nada le es oculto.

Las apariencias nos pueden engañar. Dios no mira lo que mira el hombre, nuestro Señor mira el corazón, lo que está dentro en nuestro interior. Para Dios nada le es oculto.