“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” Lucas 15:7.
DEVOCIONAL POR JANETHE DISLA
CAMINANDO EN LA VERDAD
Hoy 30 de mayo del 2024
2 Crónicas Capítulos 31-33
Los puntos sobresalientes en estos capítulos son: El Rey Ezequias destruyó los Ídolos, Ofrendas y Diezmos, Asiria invade Judá, prosperidad de Ezequias y su muerte, reinado de Manasés y reinado de Amón.
Meditaremos hoy en 2 Crónicas 33:1-2 y 12-13 “De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. 2 Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres 13 Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios ”.
La mayor parte de su vida, Manasés se ocupó de anular la Reforma Espiritual, que su padre Ezequias había llevado a cabo. Manasés llego a ser un idolatra fanático, en ese tiempo perdió el Temor a Dios y había dado muerte de la manera mas cruel al profeta Isaías. Restauro el culto a Baal, construyo altares para adorar “a todo el ejercito de los cielos” (el sol, la luna, las estrellas y dioses misticos relacionados con distintas constelaciones) y lo peor de todo su pecado, práctico sacrificios humanos e infanticidio; cosa totalmente prohividio por Jehová de los Ejercitos.
Así llevó a todo su País a la ruina, debido a ello, Dios permitió que el Rey de Asiria lo derrotara y llevará cautivo a Babilonia y fue puesto en angustia. Durante su cautividad, Manasés se arrepintió y por primera vez Oró a Dios: “Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios” (2 Crónicas 33:13). Dios escuchó su oración, perdonó su pecado y lo restauró a su trono en Jerusalén. En sus años restantes trato de hacer enmiendas por sus delitos y dirigió a la nación a Dios nuevamente,
Cuando Manasés un rey muy impío se arrepintió de sus pecados, fue perdonado y liberado de la esclavitud de su pecado y llegó a ser un ejemplo del sorprendente AMOR PERDONADOR DE DIOS. Dios no rechaza a nadie, todo el que viene contrito y humillado, Dios lo recibe y lo restaura. Dios siempre está esperando que nos arrepintamos; para mostrar su Poder en nosotros.
El Señor JESUCRISTO dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32).
El ser humano tiene un vacío que solo Dios, nuestro creador lo puede llenar, hoy más que nunca las naciones están como la nación de Manases adorando la creación de Dios; ya que por naturaleza el hombre quiere mirar algo, y así por su extravío mas y mas se van alejando de su verdadero Dios, creador del cielo y toda la tierra.
Oremos para que nuestras naciones no sigan en el desenfreno del pecado y viviendo en tinieblas, influenciados por el padre de mentira. Pero una vez que la nación o el individuo reconoce su pecado, el Eterno lo libera, lo levanta, lo limpia y le restituye todo lo que perdió, para la gloria de nuestro Eterno Dios.
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
Para los creyentes más desalentados, o derrotados, tenemos la seguridad que Dios muestra gran misericordia por todos aquellos que humildemente se acercan a él. Solo Jesucristo sacia el alma sedienta.
Al corazón contrito y humillado, el Dios Viviente, siempre lo levanta para su Gloria. ¡Recuérdalo Siempre!

